Inicio COLUMNA Opinión. Agitando el petate de 2006

Opinión. Agitando el petate de 2006

por Agencia Zona Roja

Néstor Y. Sánchez Islas

Es una mezcla perversa cuya confusión es usada con ventaja por los profesores y su sindicato. La justicia social y las religiones, en esta era de la postmodernidad, se cruzan de manera continua para crear víctimas que en automático son cubiertas con un manto de santidad para, en su nombre, cometer todo tipo de abusos. Ellos son las víctimas, nosotros sus victimarios, a pesar de la invención de su “santo niño APPO” o de su “Virgen de las barricadas”.

Amenazan con revivir la mítica asonada sindical de 2006 parados sobre la sacrosanta narrativa creada por ensayistas y escritos afines a su ideología, pero ajena a lo que en realidad vivimos. Vuelven a los paros, plantones y bloqueos locos.

Cargando sus pesados sesgos mentales y cuyas creencias resultantes no pueden ser puestas en duda dado que la cúpula magisterial las considera dogma de fe, salen a violentar nuevamente. No hay racionalidad en sus conductas, todo es fanatismo ideológico. Viven su propia mitología sagrada, llena de fervor e intolerancia.

La utopía que en sus cabezas habita los hace sentirse justicieros, pero esta supuesta justicia social no es más que un medio para llegar a un fin: la toma del poder y el control de la gente usando, como lo hacen abiertamente, el control del lenguaje y de lo políticamente correcto. El victimismo profesional que practican tiene a un enemigo declarado: los medios. A ellos acusan de su mala imagen y del profundo rechazo popular del que gozan. Medios y reporteros son las primeras víctimas de su violento actuar.

Hábilmente crearon todo una institución de lo que llaman “su lucha”, llegando incluso a introducir sus aberraciones lingüísticas en el habla común: “coberturar y accionar” son términos que usan desde los choferes de taxis foráneo hasta reporteros, locutores y funcionarios de gobierno. Esa habilidad para institucionalizar su lucha impide a la gente ver y comprender la deriva autoritaria y militarista de este movimiento.

Recordamos el 2006 y su Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, APPO, a la que le tuvieron que corregir el nombre original para evitar el pleonasmo. La mentada Appo no fue más que un instrumento creado por la Sección 22 para darle a su asonada, que fue totalmente sindical e ideológica, el carácter popular. Gracias a ello pudieron decir que era un movimiento que incluía obreros, campesinos y colectivos antisistema, aunque todos sabemos que fue el sindicato la columna vertebral y cerebro de tal movimiento.

El documento fundador de la APPO dice: “La APPO no persigue ni progreso ni desarrollo…no espejismo industrial que está acabando con la vida del planeta, sino convivencia armónica con la naturaleza, no más economía capitalista de intercambio y acumulación, que supone también el poder de la propiedad privada, causante de la extrema pobreza; no más globalización, que no es otra cosa que los grandes consorcios del norte…”. De acuerdo con ellos mismos, la finalidad de su movimiento era acabar con el capitalismo.

Basados en ideas filosóficas de sociólogos y antropólogos del extranjero para justificar sus “cómo y por qué” trataron de reivindicar sus movilizaciones de insubordinación contra el autoritarismo del sistema y la falta de democracia real. Se nutrieron de todo: marxismo, feminismo, ecologismo, indigenismo, o anarquismo, para construir el engendro del que muchos fuimos víctimas. Mucho de la justificación de los profesores se parece a la del movimiento universitario de los años 70 en nuestro estado. Algunos discursos solo cambiaron la fecha y el nombre de los protagonistas.

Hoy podemos calificar de mito toda aquella palabrería y narrativa artificial creada alrededor de aquel “movimiento”. La llegada al poder de López Obrador echó por tierra todo el discurso justiciero que usaron durante años: no hay beneficios para niños ni madres solteras, las comunidades gay y lesbianas son abiertamente despreciadas por el presidente, no hay espacios para la cultura ni para la ciencia, no se ha acabado con la violencia, la represión y el espionaje, se militariza al país, se desmantelan las instituciones, se somete al Congreso y se pelea con el Poder Judicial por mantenerse independiente a sus dictados.

Todo aquello contra lo que supuestamente lucharon en 2006 lo están haciendo. La educación está peor que nunca, la pandemia fue el pretexto perfecto para vivir sin trabajar por casi tres años, pero recibiendo puntualmente sueldos y prestaciones. Jamás, por iniciativa propia, el magisterio apoyó a nadie durante y después de la devastación del Covid.

Hoy la presidencia de la república, la gubernatura y la presidencia municipal de Oaxaca están en manos de quienes fueron, por lo menos, simpatizantes cuando no abiertamente activistas y agitadores. Y en ninguno de ellos vemos la capacidad que presumieron para cambiar nuestra realidad, pero si para empeorarla. El 2006 fue retroceso, analfabetismo y pobreza.

nestoryuri@yahoo.com

Tambien le puede interesar: