Redacción/Zona Roja Cdmx.
(Información de “La Jornada”)
Ciudad de México, a 25 de febrero de 2026.- En el espectáculo político nacional más visto del año, el presidente Donald Trump intentó imponer su versión de una realidad que no existe para una mayoría de los estadunidenses, afirmando que nunca ha estado mejor el país que ahora bajo su dirección, ha logrado casi lo imposible tanto dentro como fuera de Estados Unidos, y que “ésta es la edad de oro” de este país, en el informe presidencial más largo de la historia.
Proclamó que está impulsando “una transformación nunca vista anteriormente”, y que bajo su mando en solo un año “Estados Unidos está de regreso…. Este es la edad dorada de Estados Unidos”.
Y enumeró varios de sus logros: contra toda evidencia, declaró que la economía está en auge, se tiene “la frontera más fuerte y segura de nuestra historia”, donde no ha logrado cruzar ni un solo inmigrante indocumentado en los últimos 9 meses y donde el flujo de fentanilo por la frontera se ha reducido un 56 por ciento.
Pero su “edad dorada” no es percibida así por la mayoría de estadunidenses, un 69 por ciento opina que el país está procediendo en una dirección equivocada (solo 29 por ciento cree lo opuesto, según una encuesta de Ap), y una mayoría reprueba su gestión -su tasa de aprobación está cerca de su punto más bajo de su presidencia oscilando un 40 por ciento.
El objetivo principal de este informe presidencial anual ante el Congreso, el evento político más visto del año trasmitido en vivo (36.6 millones vieron su primer informe el año pasado), es la elección intermedia en noviembre, con la tarea urgente de mantener el control del Congreso.
Aunque gran parte de su informe se enfocó en asuntos domésticos, Trump exaltó su trabajo en las Américas. “Estamos restaurando la seguridad y dominio estadunidense en el hemisferio occidental al actuar para defender nuestro interés.
DOMINA EL NARCO
Por años, grandes partes de territorio en nuestra región, incluyendo grandes partes de México, realmente grandes partes de México, han estado controladas por los cárteles. Por ello designé a los cárteles como armas de destrucción masiva”.
En este contexto, Trump tomó el crédito “por tumbar a uno de los capos de cártel más siniestro, vieron eso ayer”, dijo casi seguramente en referencia a “El Mencho”, sin identificarlo por nombre.
Festejó la acción militar que resultó en el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y otorgó una medalla al piloto del helicóptero militar que encabezó la misión. Como parte de esta obra de teatro político, Trump también dio la bienvenida a un recién liberado “prisionero político” de Venezuela quien fue ovacionado.
Celebró que “acabamos de recibir de nuestro nuevo amigo y socio Venezuela, más de 80 millones de barriles de petróleo” -sin mencionar cómo sucedió esto.
Declaró que resolvió ocho guerras, incluyendo la de Israel y Gaza, “que ya está por completarse”. Se autoelogió por recuperar todos los rehenes israelíes vivos y muertos, pero no mencionó a un solo palestino. Y que está tratando de poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania.
“Como presidente, haré paz donde podamos”, afirmó pero advirtió que nunca titubeará si se requiere usar la fuerza letal más poderosa del mundo. Elogió su ataque contra Irán el año pasado, e informó que ahora están en negociaciones con Teherán pero aún está esperando que se comprometan a no construir un arma nuclear, subrayando que “el patrocinador número uno de terrorismo no puede tener un arma nuclear”.
Pero el enfoque de la mayor parte del discurso de casi dos horas, fue sobre su agenda política doméstica y un ataque cada vez más agresivo contra los demócratas en el Capitolio.
Ofreció una larga lista de sus iniciativas económicas, todo calificado como “lo más exitoso”, lo “más grande” y “lo más acertado”. Casi todas sus afirmaciones fueron exageradas, distorsionadas y no pocas fueron falsas. Y culpó a los demócratas de intentar arruinar el país.
Trump, en esta magna obra de teatro político, usó historias de individuos que invitó a estar presentes en el palco junto con su esposa Melania, para resaltar sus logros económicos y sociales, y, como si fuera conductor de un programa de variedades, hubo apariciones sorpresa de “héroes” desde veteranos de guerra al equipo de hockey que ganó oro en las olimpiadas.
Después de elogiar el gran éxito de sus aranceles, su herramienta económica preferida, lamentó el “desafortunado” fallo de la Suprema Corte que los anuló, con varios de los jueces, incluyendo el jefe, sentados en primera fila.
Una vez más atacó a los inmigrantes de países del sur global, y sus “culturas de corrupción y soborno”, a quienes culpó de matar, herir y ser un peligro para los ciudadanos de este país, resaltando varios ejemplos de las víctimas -algunas de las cuales fueron invitadas. “Los estamos sacando lo más rápidamente” del país, declaró. Acusó a los demócratas de minar sus esfuerzos antimigrantes, afirmando que “el primer deber del gobierno estadunidense es proteger y defender a ciudadanos estadunidenses, no a extranjeros ilegales”. Y les dijo, “deberían de estar avergonzados de sí mismos”, con los republicanos coreando “USA, USA”.
Una y otra vez buscó provocar a los demócratas en la sala, hasta los llamó “locos”, afirmando que los “demócratas están destruyendo nuestro país, pero los hemos frenado justo a tiempo”.
Concluyó recordando que el país está por celebrar este 4 de julio el 250 aniversario de su independencia, e indicó que “la revolución que inició en 1776 no ha concluido, aún continúa”. Y que “cuando Dios necesita a una nación para hacer sus milagros, sabe a quién se lo puede solicitar”.
