Ismael García M./Zona Roja.
Oaxaca, Oax., a 16 de marzo de 2026.- La llamada Cuarta Transformación no necesita de sus enemigos para seguir fracturándose y disminuir su producción de votos.
Como lo hemos dicho, el PAN, el PRI y el PRD, otrora poderosos, ya no representan absolutamente nada en materia electoral. Y la “chiquillada” sólo sigue sobreviviendo de migajas que les dan los partidos grandes.
Esa “chiquillada” es la que ha puesto en aprietos, una vez más, al Partido Morena, como se demostró el pasado 11 de marzo, en que bastaron los votos en contra de sus otrora aliados, el PT y el PVEM, para no avalar en el Congreso federal la reforma electoral que envió la Presidenta Claudia Sheinbaum.
¿La razón? Simple y llanamente afecta sus intereses personales y de grupo, pues entre otras cosas, se proponía desaparecer las diputaciones plurinominales, que es donde precisamente obtuvieron sus representaciones populares esos dos y otros partidos políticos pequeños.
Como se ve, el sistema político mexicano sigue lleno de vendettas y de intereses particulares, no de democracia pura y sana en que por cierto, el “pueblo” ha estado relegado, como siempre.
CREA MONSTRUOS…
Ya desde los tiempos de Carlos Salinas de Gortari se comenzaron a crear los partidos políticos llamados satélites, para simular pluralidad y democracia; la única razón de su creación era servir de paleros para que el priismo gobernara todo el tiempo sin mayores complicaciones.
Por muchos años han sido utilizados para aliarse y ganar más adeptos; muchos partidos han desaparecido en ese lapso y muchos otros sobreviven, gracias a esa “política” de conveniencias.
Es el caso del Partido del Trabajo, fundado a finales de 1990 y cuyo uno de sus fundadores, Alberto Anaya Gutiérrez, sigue usufructuando las siglas y disfrutando de las mieles del poder.
En todas las elecciones que ha participado solo, sin alianzas, ha alcanzado hasta el seis por ciento de la votación general; no más.
Pasa lo mismo con el Partido Verde Ecologista de México, fundado en 1986, creación priista que todo el tiempo sirvió de palero al PRI y ahora, con la “transformación”, se pegó a Morena, para no desaparecer, sin dejar de lado su corazón priista.
El cacique, Jorge González Torres, heredó el membrete a Jorge Emilio González, quien disfruta desde hace muchos años de los cientos de millones de pesos de prerrogativas y negocia a su conveniencia cualquier iniciativa o alianza política.
Como partido, no ha logrado más allá del ocho por ciento de votos; con alianza es como ha logrado la mayor representación en el Senado y en la Cámara de Diputados federal.
En las elecciones de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, se sumaron para que Morena fuera el ganador absoluto de las elecciones y que ahora gobierna las tres cuartas partes del país, incluyendo la Presidenta de la República.
Se engallaron, mantuvieron su disfraz de opositores pero con el corazón priista y, ahora que la Presidenta Sheinbaum los requería, le dieron la espalda y no pasó la reforma electoral.
La Presidenta ya tenía su Plan B, que básicamente consiste en disminuir privilegios presupuestales y administrativos a los Congresos locales y a los municipios del país, así como a fortalecer la consulta popular; y ahora sí tiene el apoyo de los petistas y de los verdeecologistas.
Es decir, nada, absolutamente nada de tocar los intereses de los legisladores y mucho menos las diputaciones plurinominales. Una fuerte derrota para la mandataria mexicana, desde sus propios aliados, no desde la oposición.
La misma receta que aplicaron a Andrés Manuel López Obrador en al menos tres ocasiones, pero ¿quién creó y se alió con esos monstruos?
¿Y OAXACA?
Engallados aún por el absoluto poder que concentran, en la política y en el gobierno, en Oaxaca los morenistas no se esperaban traiciones de sus propios aliados.
Pero ocurrió, aunque no se podía esperar menos de Alejandro Avilés Álvarez, priista de hueso colorado, que supuestamente traicionó a su partido en el pasado proceso electoral a fin de lograr una diputación, y ahora que lo tienen traiciona a quien le dio el cargo.
Lo mismo sucede con Raúl Bolaños Cacho Cué, hijo de priistas y colaborador cercano de Alejandro Murat Hinojosa, quien le ha favorecido con los diversos cargos de representación popular que ha tenido y por lo cual le sigue guardando fidelidad.
¿Pero qué se puede esperar de los engendros priistas disfrazados de verdeecologistas?
Tanto los legisladores locales como el partido político Morena en la entidad se rasgaron las vestiduras para lamentar dicha determinación.
Claro, del PT no se podía esperar menos y la determinación de las representantes oaxaqueñas Margarita García, Aracely Cruz y Maribel Martínez Ruiz, fue para conservar sus privilegios plurinominales.
Finalmente anoche ya fue anunciado a nivel nacional que el PT y el PVEM ya respaldarán el Plan B de la Presidenta Sheinbaum, pero ¿de qué sirve? Acaso irán contra los intereses de los Congresos locales y de los municipios?
En absoluto, ahí defenderán también sus cotos y privilegios económicos. Así que, el plan presidencial de reforma electoral suma otra derrota más y en definitiva, no se tocarán los intereses de los partidos políticos.
Entonces, ¿cuál cambio? En menguado Plan B no representa más que palos de ciego y de reforma electoral no tiene absolutamente nada.
