Inicio COLUMNA El auge del mezcal sostenido en un desastre ambiental

El auge del mezcal sostenido en un desastre ambiental

por Agencia Zona Roja

Néstor Y. Sánchez Islas

Oaxaca ya lo vivió. Fue en los años 60. La Papelera Tuxtepec detonó una explotación intensiva de los bosques de la Chinantla y la Sierra Norte. Las comunidades dieron la respuesta. No solo frenaron la devastación, sino que convirtieron a sus regiones en referentes de manejo forestal. Aquella experiencia dejó un mensaje claro: cuando el Estado no regula, el territorio paga el costo.

Guardando distancias, el escenario se repite, pero con otros actores y una narrativa con ecos internacionales. El éxito económico y cultural del mezcal está transformado el paisaje de forma acelerada. Basta recorrer la carretera de Tlacolula al Istmo de Tehuantepec para verlo: cerros desmontados, laderas abiertas, extensiones completas convertidas en monocultivo e infinidad de fauna extinguida al despojarla de su hábitat natural. No es un fenómeno marginal, es un ecocidio en forma.

A diferencia del pasado en que la lucha se dio en las comunidades y en la prensa local, ahora la evidencia traspasa las fronteras nacionales. Medios tan influyentes y poderosos como Deutsche Welle, BBC y Associated Press han documentado el impacto ambiental del boom mezcalero: deforestación, pérdida de biodiversidad, erosión del suelo, presión hídrica y contaminación por residuos.

La narrativa internacional comienza a crear una percepción incómoda: el mezcal ya no aparece solo como producto cultural, sino también como factor de transformación ambiental. Aparecer en medios internacionales obliga a una discusión seria y a menor complacencia.

El problema no es la industria del mezcal, hay que aclararlo. El problema es la forma en que ha crecido. La deforestación para implantar un modelo de monocultivo, el agave, ha sustituido ecosistemas completos. A este impacto ambiental, agreguemos otro costo e impacto real: uso intensivo de agua, manejo deficiente de vinazas y desperdicios, y la presión forestal por el enorme consumo de leña de los cientos, o miles, de palenques. Por un lado, parece que no hay un marco regulatorio que detenga este desastre ambiental, por el otro, la ambición de algunas empresas.

Ante los hechos, el Estado se convierte en un ente reactivo o peor, en omiso por corrupto. Ante la evidencia que el propio paisaje nos muestra no sabemos si hay en marcha algún plan para revertir esta devastación. Sabemos que hay una crisis por exceso de agave y, seguramente, será el propio mercado el que obligue a devolver a la naturaleza los ecosistemas destruidos por el bajo precio que alcanza la materia prima.

Los productores no pueden evadir su responsabilidad. Sabemos que existen quienes se preocupan por cumplir con regulaciones ambientales, pero también es notorio que una gran cantidad ha privilegiado el incremento de la producción sin tomar en cuenta criterios ambientales mínimos. No se trata de señalar a todos, pero sí de reconocer que el problema no es ajeno a quienes se benefician de la expansión.

El riesgo de mantener esta inercia es doble. Por un lado, el deterioro ambiental de un ecosistema frágil. Por otro, y muy importante ahora, un escenario extranjero menos tolerante con estas prácticas. La experiencia actual lo demuestra: A través del reglamento “EU: Deforestation Free Regulation”, la Unión Europea a comenzado a condicionar el acceso a su mercado a la capacidad de demostrar que ciertos productos no están asociados a la deforestación.

Por el momento el mezcal no está incluido, pero a partir de aparecer este tema en la prensa internacional es casi seguro que ya están tomando cartas en el asunto. El caso del café de Vietnam debería ser un ejemplo: para exportar su café a Europa deben someterse a una verificación a través de alta tecnología de inteligencia artificial y el programa satelital Copernicus.

¿Cuánto tiempo tardarán en incluir al mezcal en este tipo de verificación? Ignorar este asunto sería como ignorar la dirección en que se mueve el comercio mundial.

La visibilización internacional de este problema en Oaxaca y la presión de los poderosos grupos ambientalistas puede traducirse en una crisis económica local, no para las grandes empresas trasnacionales sino para los pequeños productores y sus comunidades. La bonanza económica que hoy se observa podría volverse frágil si no se acompaña de condiciones que la sostengan en el tiempo.

La experiencia de los bosques de la Chinantla y la Sierra Norte demuestra que es posible desarrollarmodelos productivos que integren las necesidades económicas y el cuidado del ambiente. Lo que hoy se observa en los cerros desmontados no es solo una imagen del presente, sino un indicio de hacia dónde puede derivar el futuro si se mantiene la misma lógica. Y lo que hoy se discute en medios internacionales podría convertirse mañana en criterios de mercado.

nestoryuri@yahoo.com

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