{"id":50210,"date":"2023-01-08T17:11:43","date_gmt":"2023-01-08T23:11:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.zonaroja.com.mx\/?p=50210"},"modified":"2023-01-08T17:11:45","modified_gmt":"2023-01-08T23:11:45","slug":"opinion-culiacan-antes-y-despues-de-javier-valdez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/?p=50210","title":{"rendered":"Opini\u00f3n. Culiac\u00e1n antes y despu\u00e9s de Javier Valdez"},"content":{"rendered":"\n<p>Diego Enrique Osorno*<\/p>\n\n\n\n<p>Hace unas semanas conoc\u00ed a C\u00e9sar Gaxiola, ilustre habitante de Culiac\u00e1n conocido como Don Cachito, quien durante d\u00e9cadas deambul\u00f3 por las calles de la ciudad vendiendo billetes&nbsp;de loter\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La reportera del semanario \u201cR\u00edodoce\u201d,&nbsp;Azucena Manjarrez,&nbsp;lo visit\u00f3 en su casa, donde problemas de ceguera y sordera lo mantienen en reposo. Vestido con un impecable pantal\u00f3n amarillo y camisa roja, relat\u00f3 ciertos problemas que ha padecido con las autoridades locales.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo alrededor de veinte a\u00f1os de haber visitado Culiac\u00e1n por primera vez, pero supe de Don Cachito&nbsp;hace no mucho tiempo, tras la lectura de un libro poco conocido de Javier Valdez, uno de los mejores periodistas sinaloenses que han existido y a quien tuve la suerte de conocer antes de que fuera asesinado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDe azoteas y olvidos\u201d&nbsp;re\u00fane alrededor de setenta \u201ccr\u00f3nicas del asfalto\u201d escritas por Javier entre 1991 y 2005. Don Cacho&nbsp;es uno de los personajes retratados, junto con otras mujeres y hombres de la vida cotidiana culichi, as\u00ed como tambi\u00e9n espacios y zonas como el bar \u201cEl Cactus\u201d, la avenida Obreg\u00f3n, cafeter\u00eda \u201cEl Tabach\u00edn\u201d, los churros de Don Churrero y el restaurante \u201cEl Guayabo\u201d, quiz\u00e1 el t\u00fanel del tiempo preferido del autor.<\/p>\n\n\n\n<p>La Culiac\u00e1n que Javier desvela en su libro est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del manto y la estigma del narco. Se trata de una ciudad que, como cualquier otra de su proporci\u00f3n, enfrenta contradicciones sociales que producen fen\u00f3menos y figuras culturales peculiares. Sus vi\u00f1etas narrativas registran la tragedia urbana y a quienes la resisten, la asimilan o, simplemente, quedaron sometidos e incluso cautivados por ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de haber publicado \u201cDe azoteas y olvidos\u201d&nbsp;en 2006, Javier debi\u00f3 alterar esta prosa casi po\u00e9tica&nbsp;para atender con otro enfoque la nueva y apabullante realidad que impuso en su ciudad \u2014y en otros lugares del pa\u00eds\u2014&nbsp;la llamada guerra del narco inventada por Felipe Calder\u00f3n para legitimarse y congraciarse con el gobierno de EU. Por eso es que sus libros siguientes se titulan \u201cMalayerba\u201d, \u201cMiss Narco\u201d, \u201cLos morros del narco\u201d, \u201cLevantones\u201d, \u201cCon una granada en la boca\u201d, \u201cHu\u00e9rfanos del narco\u201d\u2026 Son libros que presagian todo lo que est\u00e1 pasando hoy en Culiac\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Absolutamente todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Javier no se callaba ante lo que ve\u00eda y o\u00eda en las calles de su ciudad. No era un cronista de la guerra del narco. O no solo eso. Era un cronista que, porque la conoc\u00eda profundamente, amaba y odiaba a la ciudad en la que naci\u00f3 y en la que muri\u00f3 a causa de no ser indiferente jam\u00e1s ante la realidad a su alrededor.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Comparto cr\u00f3nica de la p\u00e1gina 18 de De azoteas y olvidos, escrita por Javier Valdez:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ver amanecer<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Un d\u00eda de diciembre y a sus cinco a\u00f1os se levant\u00f3 temprano y a oscuras. Me dijo: \u201cQuiero&nbsp;ver amanecer\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y empez\u00f3 viendo copeches en el cielo, que luego su mam\u00e1 le describ\u00eda como estrellas, y oyendo los gallos cantar: eran las cinco y media de la ma\u00f1ana, en medio de la oscuridad, el fr\u00edo y un&nbsp;viento calador.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Varias madrugadas cumpli\u00f3 con el ritual que al segundo evento tuvo que ser acompa\u00f1ado por una taza de caf\u00e9, sillas y su\u00e9teres para cada uno, en un techo estrellado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cQuiero ver amanecer\u201d, me dijo casi al o\u00eddo la vocecita de Tania, pero ya no se conformar\u00eda con el oscuro panorama y los copeches y la m\u00fasica de los gallitos que la urbanidad ha olvidado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En pos del sol, con cachuchas, su\u00e9ter y pantalones deportivos, agarramos camino, con direcci\u00f3n desconocida, pero al malec\u00f3n nuevo, a los p\u00e1ramos de esta ciudad que no se olvida de las antenas en los techos ni de los postes ni de los cables surcando cualquier intento de horizonte.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ah\u00ed en el astabandera nos alcanz\u00f3 un haz de luz de un sol que apenas coqueteaba con las estrellas desma\u00f1anadas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero no era suficiente: no hab\u00eda un lugar para divisar donde se juntan el cielo con la tierra, con las monta\u00f1as y los montes. Un punto lejano. Luego, el nuevo puente peatonal que une la Isla de Orab\u00e1 con el andador del malec\u00f3n, donde la vista viaja entre las ramas de los ancestrales \u00e1rboles del lugar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El d\u00eda en la ciudad empezaba. Los trotadores y caminantes del malec\u00f3n, armados con guantes y todo, saludaban afables a los invasores, en los claroscuros y vendavales de invierno.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Optamos por trepar el puente Juan de Dios B\u00e1tiz y terminamos recargados en el barandal oriente, en espera del astro rey. Ah\u00ed, entre antenas, cables y edificios enanos, y al fondo dos cerros, podr\u00eda verse el sol, su primera mirada sobre la ciudad.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y as\u00ed fue: sus primeros rayos agradaron, pero despu\u00e9s encandilaron, hasta iluminar inexorablemente la faz de Culiac\u00e1n. Tania y yo tuvimos el privilegio de ver amanecer y todav\u00eda me endulza el o\u00eddo su vocecita, lo mismo que los rayos de un sol de diciembre que ya empieza a irse.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(Diciembre de 1999).<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Durante los d\u00edas recientes que pas\u00e9 en Culiac\u00e1n visit\u00e9 El Guayabo con Ismael Boj\u00f3rquez, amigo, colega, socio y una especie de hermano mayor de Javier. Caminamos hacia ah\u00ed desde su oficina en \u201cR\u00edodoce\u201d, donde me regal\u00f3 un ejemplar de \u201cEl Bato\u201d, libro homenaje en el que sesenta periodistas, activistas, escritores y fauna variopinta escribimos textos en memoria de un gran reportero, que adem\u00e1s era una persona con la virtud de forjar amistades a primera vista.<\/p>\n\n\n\n<p>Plena temporada navide\u00f1a, no nos imagin\u00e1bamos que iba a ocurrir lo que sucedi\u00f3 este arranque de 2023. Tampoco creo que pasara por la mente de otros culichis que conoc\u00ed, como La Chinita, masajista de la plazuela Obreg\u00f3n, o de alguno de los comensales de la carreta de Don Robert, ni tampoco entre los comerciantes del mercado Garmendia\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, lo que s\u00ed se sent\u00eda clarito era la transformaci\u00f3n de Culiac\u00e1n en estos a\u00f1os. Su t\u00edpico paisaje urbano fue mutando en un paisaje inquietante que, ya lo hemos constatado un par de jueves negros, puede volverse un abierto paisaje de guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a todo, tengo la sensaci\u00f3n de que Culiac\u00e1n buscar\u00e1 resistir a las agendas corporativas de los negocios y el c\u00e1lculo pol\u00edtico&nbsp;para tratar de seguir siendo un lugar en el que cualquier padre pueda llevar una ma\u00f1ana a su hija peque\u00f1a a ver amaneceres, como alguna vez lo hizo Javier Valdez.<\/p>\n\n\n\n<p>*Escritor y periodista<\/p>\n\n\n\n<p>@DiegoEOsorno<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Diego Enrique Osorno* Hace unas semanas conoc\u00ed a C\u00e9sar Gaxiola, ilustre habitante de Culiac\u00e1n conocido&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":48560,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[456,109],"tags":[3020],"class_list":["post-50210","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-columna","category-minuto-a-minuto","tag-diego-enrique-osorno"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Diego-Enrique-Osorno.jpeg","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/50210","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=50210"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/50210\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":50211,"href":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/50210\/revisions\/50211"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/48560"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=50210"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=50210"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=50210"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}