{"id":81105,"date":"2025-06-07T11:55:00","date_gmt":"2025-06-07T17:55:00","guid":{"rendered":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/?p=81105"},"modified":"2025-06-07T07:08:48","modified_gmt":"2025-06-07T13:08:48","slug":"dia-de-la-libertad-de-expresion-la-dignidad-del-oficio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/?p=81105","title":{"rendered":"D\u00eda de la Libertad de Expresi\u00f3n: La dignidad del oficio\u2026"},"content":{"rendered":"\n<p>Misael S\u00e1nchez\/Agencia Oaxaca Mx.<\/p>\n\n\n\n<p>Oaxaca, Oax., a 7 de junio de 2025.- Acostumbrado a trabajar bajo presi\u00f3n. Eso dec\u00eda la oferta de empleo de los peri\u00f3dicos, como si fuese un elogio. Una sentencia disfrazada de virtud. En los diarios era literal. Presi\u00f3n. No esa que romantiza la productividad, sino la que aplasta. La que te corta el sue\u00f1o, la que te dobla la espalda, la que te deja el est\u00f3mago vac\u00edo y el alma llena de notas sin firmar.<\/p>\n\n\n\n<p>La redacci\u00f3n era un campo de batalla sin sangre, pero con muertos. No eran visibles. Ca\u00edan en la madrugada. De pie, frente al monitor, o sentados con la cabeza entre las manos. Periodistas que mor\u00edan de noche, porque as\u00ed eran los cierres. Tard\u00edos. Eternos. Un infierno de teclas, l\u00edneas, tel\u00e9fonos, gritos de editores y miradas perdidas en el papel, despu\u00e9s en la pantalla. El d\u00eda siguiente era el mismo. Y el siguiente tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso era el diarismo. Un bucle sin pausa.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda aprendices. Llegaban con hambre y se iban con \u00falceras. Los formaban a la antigua, sin permiso para el miedo. Deb\u00edan traer agenda propia, historias propias, ideas propias. A falta de sueldo justo, se les ense\u00f1aba la dignidad del oficio. El m\u00e9todo era observar, husmear, preguntar, sobrevivir. Con suerte, escrib\u00edan diez notas en un d\u00eda. Y guardaban otras para despu\u00e9s. Como quien esconde pan para el invierno.<\/p>\n\n\n\n<p>No es como ahora.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora el reportero llega tarde, transmite en vivo desde el celular, tartamudea, dice lo que ve y despu\u00e9s edita el video para explicar lo que quiso decir en el en vivo. Si es que habla. Periodismo a la inversa.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo un tiempo en que los periodistas eran estrellas. Sin t\u00edtulo universitario varios, pero con olfato. Sin m\u00e1steres, pero con calle. Eran m\u00e1s activistas que comunicadores. Gestores, puentes entre el poder y la rabia popular. Su directorio de contactos era m\u00e1s valioso que cualquier diploma. Algunos cargaban con demandas sociales como si fueran propias. Otros sab\u00edan a qui\u00e9n llamar para conseguir una silla de ruedas o detener un desalojo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su \u00fanica obligaci\u00f3n era llevar la nota.<\/p>\n\n\n\n<p>No sab\u00edan de log\u00edstica. Ni les importaba. Solo pensaban en el cierre. La quincena llegaba con descuentos creativos, porque los editores se clavaban su parte. A veces por errores inventados. A veces por costumbre. Las vacaciones eran una leyenda. El descanso, un lujo. El director se las birlaba con una sonrisa: \u201c\u00bfQui\u00e9n va a cubrir tu fuente?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Y luego, cuando dominaban el oficio, desaparec\u00edan. Solo el editor sab\u00eda de ellos. Les bastaba un \u201cl\u00e1nzate para all\u00e1\u201d. Y all\u00e1 iban. Donde dol\u00eda, donde ard\u00eda. Donde nadie quer\u00eda ir. Y lo hac\u00edan sin aspavientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero algo se rompi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda entendieron que estaban siendo usados. Que las \u00f3rdenes de trabajo coincid\u00edan sospechosamente con lo que se dec\u00eda en voz baja la noche anterior. Que los chismes terminaban como titulares. Que sus comentarios serv\u00edan para extorsionar. Que cualquier revelaci\u00f3n era arma de doble filo. Y entonces dejaron de hablar. De confiar. De compartir.<\/p>\n\n\n\n<p>Guardaron silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no hubo sobremesas informativas. Solo saludos secos. Hasta entre ellos se volvieron desconfiados. Las frases se volvieron neutras. La redacci\u00f3n, un desierto de secretos. Aprendieron a callar. A proteger lo que sab\u00edan. A escribir lo justo. A guardar lo importante para s\u00ed. Fue una forma de resistencia. Un escudo. Una tregua con el desgaste.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed se fund\u00f3 una \u00e9tica involuntaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Se perdieron fuentes. Hubo desconfianza. Se cayeron pactos. Se desvanecieron lealtades. El oficio cambi\u00f3. Menos presi\u00f3n, dicen ahora. Pero tambi\u00e9n menos periodismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque hay una verdad inc\u00f3moda, muchos no han aprendido la lecci\u00f3n. Creen que el periodismo es rasgarse las vestiduras, un hilo en X o una selfie con el gobernador. No han olido el miedo de una cobertura nocturna. No han sentido el sabor met\u00e1lico de la urgencia. No han tenido que escribir bajo amenaza, con las manos temblando, mientras el editor grita: \u201c\u00a1Falta una m\u00e1s para la primera plana!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no es su culpa. El tiempo es otro. El oficio tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que s\u00ed pueden hacer, si alg\u00fan d\u00eda lo necesitan \u2014una fuente dif\u00edcil, una historia delicada, una pista perdida, un hombro para llorar\u2014, es acudir a uno de esos periodistas de la vieja guardia que a\u00fan respiran, aunque hayan muerto ya varias veces en cada cierre.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de esos que trabajaban bajo presi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Seguro, les dar\u00e1 mucho gusto ayudarles.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin cobrar. Sin rega\u00f1ar.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo por no dejar que se pierda del todo el oficio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Misael S\u00e1nchez\/Agencia Oaxaca Mx. 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