{"id":86037,"date":"2025-10-21T15:56:00","date_gmt":"2025-10-21T21:56:00","guid":{"rendered":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/?p=86037"},"modified":"2025-10-21T16:54:55","modified_gmt":"2025-10-21T22:54:55","slug":"opinion-mal-agradecidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/zonaroja.com.mx\/?p=86037","title":{"rendered":"Opini\u00f3n. Mal agradecidos"},"content":{"rendered":"\n<p>N\u00e9stor Y. S\u00e1nchez Islas<\/p>\n\n\n\n<p>En M\u00e9xico, la ingratitud no es solo un defecto moral: se ha vuelto una pr\u00e1ctica institucionalizada. Y uno de sus rostros m\u00e1s visibles habita en la burocracia sindicalizada, ese aparato que opera cobijado por plazas blindadas, prestaciones garantizadas y un salario seguro que no depende de resultados. Desde esa zona de confort, sus l\u00edderes \u2014y buena parte de su base\u2014 ejercen un poder que termina por castigar a la ciudadan\u00eda, la misma ciudadan\u00eda que, con sus impuestos, sostiene los sueldos de quienes deber\u00edan servirla.<\/p>\n\n\n\n<p>La escena se repite con puntualidad desesperante: bloqueos, paros \u201cindefinidos\u201d, cierres de oficinas, suspensi\u00f3n de tr\u00e1mites esenciales, marchas que colapsan avenidas completas o carreteras federales, mientras millones de trabajadores informales, comerciantes y empleados sin seguridad laboral cuentan las horas y calculan p\u00e9rdidas. Cada d\u00eda de obstaculizaci\u00f3n significa ventas que no regresan, citas que no se concretan, mercanc\u00eda que no llega, oportunidades canceladas. Para quien vive al d\u00eda, el tiempo no es consigna: es supervivencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s hiriente no es el caos en s\u00ed, sino la l\u00f3gica que lo sostiene. La burocracia sindicalizada act\u00faa como si el pa\u00eds le debiera todo y ella no debiera nada. Aun cuando sus beneficios est\u00e1n asegurados \u2014sueldos, aguinaldos, bonos, d\u00edas libres, jubilaciones\u2014 la protesta se ha convertido en chantaje garantizado: cualquier inconformidad se traduce en paralizar la vida de terceros, sin consecuencias legales, laborales ni \u00e9ticas. Esa es la verdadera ingratitud: un olvido conveniente del origen de sus privilegios y de la responsabilidad p\u00fablica que deber\u00edan honrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, el ciudadano com\u00fan no tiene sindicato ni plaza base. Si no trabaja, no cobra. Si no abre su negocio, no come. No tiene la posibilidad \u2014ni el cinismo\u2014 de bloquear una avenida para exigir mejores condiciones. Vive bajo la ley m\u00e1s antigua: o produce o se hunde.&nbsp;Y&nbsp;aun as\u00ed, es \u00e9l quien termina cargando los costos de los paros burocr\u00e1ticos: el que pierde tiempo, dinero y horas de trabajo. Es \u00e9l quien termina siendo reh\u00e9n de una \u00e9lite laboral que se apropi\u00f3 del discurso de la justicia social, pero opera bajo la ley del privilegio perpetuo.<\/p>\n\n\n\n<p>La ingratitud, en este caso, no es solo falta de reconocimiento: es abuso de posici\u00f3n. Es la negaci\u00f3n del servicio p\u00fablico como vocaci\u00f3n y su sustituci\u00f3n por el inter\u00e9s gremial como prioridad suprema. All\u00ed donde el sindicalismo deber\u00eda defender derechos sin atropellar a terceros, ha surgido una maquinaria que, amparada en la impunidad, desgasta al Estado y desprecia al ciudadano.<\/p>\n\n\n\n<p>La gratitud, si existiera en su cultura interna, implicar\u00eda otra cosa: entender que trabajar para el Estado es trabajar para la gente. Pero eso exigir\u00eda recordar un principio b\u00e1sico que hoy parece olvidado: la funci\u00f3n p\u00fablica es un servicio, no un bot\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>El pa\u00eds necesita sindicatos, s\u00ed. Pero necesita, con mayor urgencia, que dejen de comportarse como si M\u00e9xico existiera para ellos. Porque mientras la burocracia siga mir\u00e1ndose el ombligo y la ciudadan\u00eda siga pagando el costo, la ingratitud ser\u00e1 pol\u00edtica de Estado, y el ciudadano de a pie, su v\u00edctima cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p>El desfile de malagradecidos colaps\u00f3 nuestra precaria econom\u00eda. Somos un estado pobre en el que se promueve la pobreza a trav\u00e9s de una econom\u00eda entre lo sindical y lo comunal, como si vivi\u00e9ramos en el medievo, aunque ahora los se\u00f1ores feudales no son los condes o duques sino los l\u00edderes sindicales y los pol\u00edticos&nbsp;que les deben el puesto a ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ingratos e insensibles, el magisterio, los empleados de salud y los de la UABJO colapsaron alegremente toda actividad. Viven para ellos y por ellos, el mundo gira solo para mantenerlos con todos sus privilegios. No son clase trabajadora, la burocracia nunca lo ha sidoporque su funci\u00f3n, estatus y acceso a los privilegios hacen que act\u00faen diferente a un campesino u obrero. M\u00e1s bien, el bur\u00f3crata solo quiere&nbsp;que&nbsp;las cosas&nbsp;se mantengan como est\u00e1n en su beneficio. No trabajan para sobrevivir porque su quincena y prestaciones, laboren o no, la tienen garantizada.<\/p>\n\n\n\n<p>La misma seguridad laboral de la que disfrutan los aleja definitivamente de las clases trabajadoras, por tanto, su discurso rampl\u00f3n no es del proletariado sino m\u00e1s bien de una c\u00f3moda clase media que&nbsp;pelea por tener privilegios eternos a costa de los contribuyentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Un trabajador siempre est\u00e1 vulnerable ante las condiciones econ\u00f3micas, un bur\u00f3crata puede ver pasar la vida en la comodidad de su oficina. Esta situaci\u00f3n&nbsp;los coloca de inmediato del lado del poder&nbsp;y no de&nbsp;los trabajadores.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos malagradecidos no enfrentan la precariedad, pero disfrutan haciendo que los dem\u00e1s estemos al borde de ella.&nbsp;Los profesores son hoy privilegiados&nbsp;y totalmente ajenos a la realidad de quienes luchan por mandar a sus hijos a la escuela. Son malagradecidos y saboteadores.<\/p>\n\n\n\n<p>nestoryuri@yahoo.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>N\u00e9stor Y. 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