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Opinión. El narco y el Metro

por Agencia Zona Roja

Diego Enrique Osorno*

Felipe Calderón llegó a la Presidencia en 2006 en medio de una agitada realidad social que incluía una huelga minera a nivel nacional, el activismo itinerante de La otra campaña del EZLN, la insurrección de la APPO en Oaxaca y las protestas de fraude electoral del actual presidente Andrés Manuel López Obrador.

¿Qué hizo Calderón ante esta innegable crisis al inicio de su gobierno? En lugar de atender las demandas legítimas decidió militarizar el país bajo el pretexto de una guerra del narco que, nos queda claro hoy, fue una farsa, además de haber desatado una tragedia humanitaria aún imparable.

“La guerra del narco” acorraló organizaciones, colectivos y grupos que pugnaban por causas justas en sus respectivos territorios y espacios políticos. En algunos lugares del país, bajo una dicotomía absurda y sangrienta de supuesto enfrentamiento entre fuerzas oficiales y fuerzas criminales, la resistencia social, en el peor de los casos, acabó aniquilada y, en el menos peor, neutralizada. El juicio actual en NYC evidencia parte de la perversa estrategia diseñada para resolver una crisis a partir de un performance de corrupción que terminó en pesadilla.

En sus años iniciales, “la guerra del narco” tuvo mucha aprobación ciudadana. Una encuesta tras otra resaltaba el apoyo mayoritario al populismo punitivo presidencial impulsado también por EU. Calderón y García Luna llegaron a ser en su momento auténticos héroes de la patria.

Todo el contexto anterior es algo que seguro no ignora la actual jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. Por eso desconcierta su decisión de militarizar el Metro, luego de las notorias, constantes y mortales fallas que éste ha sufrido en su gestión. Convertir una crisis de mantenimiento e imagen en un problema de seguridad nacional es una de las formas más dañinas de gobernar.

Ni la capital ni el país ni la propia gobernante merecen el surgimiento de una nueva dinámica demagógica en materia de seguridad. La crisis del Metro podría ser atendida con más presupuesto y más atención puntual. Seis mil efectivos cambian la narrativa pero no honran la memoria de las 26 personas fallecidas por el siniestro de la Línea 12 ni el de la estudiante Yaretzi en la Línea 3.

*Escritor y periodista.

@DiegoEOsorno

deo@detective.org.mx

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