Néstor Y. Sánchez Islas.
Durante siglos las universidades fueron un espacio privilegiado para la crítica, la formación del intelecto y la generación del conocimiento. El siglo pasado surgió un modelo distinto: la universidad militante, un movimiento universitario que abandona la neutralidad científica para involucrarse con la transformación política y social. En Oaxaca nos preguntamos si ese ideal produjo una verdadera institución crítica o solo se deformó para convertirse en una estructura subordinada al poder. La UABJO es un ejemplo concreto de esta deriva.
En los años 70 el movimiento universitario planteó la necesidad de transformar una institución que se consideraba elitista, conservadora y ajena a los problemas sociales. Aquellos agitadores creyeron que sus ideales revolucionarios marxistas bastaban para vincular el conocimiento con la transformación social. Aspiraban a una institución crítica, científica y popular. 50 años después vemos que esos ideales son difíciles de defender cuando notamos que la izquierda mexicana está más cerca del crimen organizado que de la academia.
En lugar de consolidar a la institución como un centro de pensamiento crítico y científico, deformaron su misión fundamental. Lo que debería ser un espacio académico es una arena de lucha política del más bajo nivel, propiedad de funcionarios y sindicatos, pero no de los sus alumnos. La institución pasó de formar profesionistas a funcionar como una fábrica de burócratas que parasitan la administración estatal.
La conversión de instituciones académicas a campos de lucha política no es exclusiva de Oaxaca, pero otras universidades se han recuperado y la UABJO no deja de caer. Pierre Bourdieu advirtió que, cuando una institución educativa se aleja de la lógica académica, deja de regirse por criterios de conocimiento y se dedica a operar bajo las reglas de la política.
De acuerdo con José Ortega y Gasset, las universidades deben existir para tres tareas fundamentales: transmitir la cultura, formar profesionales y producir conocimiento a través de la ciencia. La UABJO, por desgracia, se dedica a atender las demandas de sus sindicatos, a servir de trampolín político y a enriquecer a sus altos funcionarios a través de su enorme presupuesto, que lo convierten en patrimonio personal. De producir ciencia a producir burocracia e ideología retardataria.
Alguna vez fue la UABJO una prestigiosa universidad con presencia nacional. Del Instituto que fue su origen surgieron los dos más grandes presidentes que ha tenido México: Benito Juárez y Porfirio Díaz. Hoy día, solo es una institución atrapada entre sus mafias sindicales y la corrupción de sus funcionarios. En lugar de consolidar programas científicos o fortalecer su presencia académica, buena parte de su energía institucional se consume en la lógica del reparto político.
La militancia de la UABJO, bajo este contexto, toma un significado distinto al que se pretendió alcanzar en las mentiras del movimiento universitario porque, al final, no se trató de una militancia intelectual que tomara una postura crítica ante el poder, sino en una militancia política vinculada a intereses del poder al que debía analzar.
La militancia política es abierta y burlona. El Rector actual es militante del Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, lo que confirma que la universidad opera más como una extensión del sistema político que como una institución autónoma dedicada al conocimiento.
Cuando una institución se alinea con el poder político pierde la distancia y la legitimidad crítica que debe definirla ante el poder. Pasa de ser un espacio de debate y reflexión a ser un mero instrumento y comparsa del gobierno.
Max Weber alguna vez habló sobre la sana distancia que debería haber porque el trabajo académico exige una ética distinta a la de la política: la ciencia busca la verdad y el conocimiento, mientras que el político busca poder e influencia. Confundir estos espacios es crear un monstruo propagandista.
Los políticos desprecian el potencial de los estudiantes a los que deberían darles una institución como instrumento de desarrollo intelectual y, por tanto, económico. Lo que tenemos en cambio es un profundo rezago educativo, tanto el que provoca la Sección 22 como el que fomenta la UABJO. Esto es una traición desde el propio gobierno hacia los oaxaqueños.
La universidad pertenece a la sociedad que la financia. Su misión no es estar al servicio de los sindicatos, ni de grupos políticos y, mucho menos de partidos. La UABJO hace mucho que perdió su proyecto educativo y solo es un campo de lucha por el poder político.
La militancia de la UABJO no es con la ciencia y la academia, es con un partido político al que todos los días le brotan los nexos con el crimen organizado.
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