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Opinión. Gasolina, tortillas, refinerías y las mentiras de la 4T

por Agencia Zona Roja

Ismael García M./Zona Roja.

Oaxaca, Oax., a 20 de abril de 2026.- ¿En qué momento pasamos de las promesas a la triste, desastrosa, realidad económica y social?

Porque cuando Andrés Manuel López Obrador inició con su llamado Movimiento de Regeneración Nacional y su famosa Cuarta Transformación, ofreció acabar con la pobreza, combatir la corrupción, bajar los precios de las gasolinas, abrazar a los delincuentes para acabar con la inseguridad y una larga retahíla.

Sin embargo, a más de siete años de dos gobiernos mexicanos morenistas, la realidad es otra y extremadamente opuesta.

La incidencia delictiva es altísima, pese a las cifras oficiales de que disminuyen los homicidios dolosos; la sociedad en todo el país no ve lo mismo que el gobierno. Chiapas, Tabasco, Quintana Roo, Campeche, entidades otrora seguras, están dominadas ya por el crimen organizado, que por cierto ya abarca todo el territorio nacional.

Salvo los apoyos económicos Bienestar –dinero que no precisamente se aplica para abatir los índices de pobreza sino a otros rubros no prioritarios–, no hay ningún otro programa para paliar la marginación; el campo languidece, la obra pública sólo genera empleos temporales y, para colmo, ya no quieren a nuestros migrantes en Estados Unidos.

¿Acabar con la corrupción? Pero si la misma 4T los alienta y, para no ir más lejos, ahí está el ejemplo del secretario de Economía, Marcelo Ebrad, que cuando fue canciller, hospedaron a su hijo medio año… en la sede consular ubicada en Londres, con todos los servicios y gastos pagados.

Lo peor de la economía: el precio de las tortillas están por las nubes, al igual que las gasolinas. De 15-17 pesos en sexenios anteriores al morenismo, la Premium ronda los 30 pesos.

POPULARIDAD VS RESULTADOS

Si bien la Presidenta Claudia Sheinbaum goza de alta popularidad, del 70 por ciento, según la más reciente encuesta del diario “El Financiero”, eso no se refleja en el bienestar (famosa palabra que sólo es eso, palabra).

Por ejemplo, porcentaje de personas que señala a la inseguridad como principal problema del país subió 19 puntos entre febrero y marzo, al pasar de 60 a 79 por ciento.

“Ante este aumento en la preocupación por el crimen y la inseguridad, lo que bajó fue la proporción de menciones en torno a la corrupción, que ha venido bajando en las percepciones como principal problema del país, de 24 por ciento que alcanzó en enero, a 15 por ciento en febrero y a solo 5 por ciento en marzo”, refiere el sondeo.

¿Y qué con la economía? Las evaluaciones al desempeño del gobierno federal en materia económica variaron apenas tres puntos en el último mes, al pasar de 56 a 53 por ciento las opiniones positivas, referentes a que el gobierno de Sheinbaum está haciendo bien o muy bien su trabajo en ese rubro, mientras que las opiniones negativas pasaron de 39 a 42 por ciento, la proporción que opina que el gobierno está haciendo mal o muy mal su trabajo en materia de economía. En materia de seguridad pública, las opiniones negativas siguen prevaleciendo, al alcanzar 53 por ciento en marzo, frente al 42 por ciento de opiniones positivas.

Entonces, no están bien las cosas; en realidad, la Presidenta Sheinbaum goza de alta simpatía, por su figura, por ser una mujer, la primera mandataria de México, pero sus acciones no están reflejando ninguna mejoría.

Igual que le pasó a López Obrador, pues inició con altas expectativas, con evaluaciones de hasta el 80 por ciento a su favor, pero ninguna de sus promesas se concretó; los magnos proyectos son costosos y sin resultados y el índice de pobreza bajó muy poco; la inseguridad creció al extremo.

EL ACABÓSE

Principalmente durante su campaña política, entre 2017 y 2018, el populista Andrés Manuel prometió que el precio de la gasolina bajaría de 14 a 10 pesos para todo el país.

Saliva, como han sido sus recurrentes declaraciones, pues todo lo contrario, la Magna, por ejemplo, lo dejó en alrededor de 25 pesos al término de su sexenio. No hubo explicaciones, tampoco justificaciones acerca de ésta y otras fallidas promesas.

Con Claudia Sheinbaum como candidata no hubo esta promesa, pero sí se comprometió a que no habría más aumentos; la realidad la ha traicionado y hoy los precios son exagerados.

Si bien, al igual que lo hicieron los gobiernos priistas, con costosos subsidios ha frenado el precio de la gasolina Magna en 24 pesos, no ocurre lo mismo con la Premium o el Diesel.

Eso, por supuesto, ha desatado una ola de incremento en los precios –como es el caso de la tortilla– de los básicos y en todo rubro económico; claro, ha ello ha contribuido la problemática petrolera en el Medio Oriente.

Pero, en el colmo, Petróleos Mexicanos rechazó tajantemente que se pueda bajar el precio de las gasolinas.

“La promesa de la gasolina a 10 pesos por litro, una de las banderas más recordadas de la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador, terminó de disiparse esta semana. Ante diputados federales, el director general de Petróleos Mexicanos (Pemex), Víctor Rodríguez Padilla, reconoció que la empresa estatal no puede cumplir con esa expectativa, pues el mercado de combustibles en México está anclado a precios internacionales desde hace casi una década” (Pemex no puede cumplir promesa de AMLO: confirma que no venderá gasolina a 10 pesos por litro).

Esa fue la declaración en octubre de 2025, en que el organismo nacional enterró en definirtiva las esperanzas de los mexicanos.

“Durante su comparecencia ante la Comisión de Energía en la Cámara de Diputados, Rodríguez Padilla fue claro al explicar que los precios nacionales no se definen en Palacio Nacional ni en Pemex, sino en el mercado estadounidense. “Los precios están alineados con el mercado internacional, el precio de las gasolinas se fija con un punto en los Estados Unidos que es Mont Belvieu, que es donde se fija el precio de la gasolina regular y la premium y después se hace un proceso de a cuánto se debe vender en México”, dijo el funcionario.

De remate, una serie de eventualidades han ocurrido en refinerías, Dos Bocas en Tabasco, construida por López Obrador y que funciona a su mínima capacidad, y la de Texas, Estados Unidos; en el primer caso con serás afectaciones ambientales en cuatro entidades del Golfo y al menos cinco personas fallecidas por los accidentes.

Entonces, de nada sirve que tengamos una Presidenta simpática, popular, aceptada por la gran mayoría de los mexicanos, si no hay resultados. De nada sirve que el 100 por ciento de los mexicanos la quiera, si no hay resultados que se desean, principalmente en los rubros de seguridad y economía. Entonces, al parecer a corto o mediano plazo, la crisis social se intensificará.

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